¿Cómo jugaron el poder y el sexo en las primarias demócratas de Estados Unidos?

por por Carmen González*
Alturas vertiginosas
por Carmen González*

Las elecciones primarias norteamericanas despertaron gran interés dentro y fuera de los Estados Unidos. La contienda electoral se viene dando en una difícil etapa para Norteamérica y Occidente. Dos representantes de las minorías, étnicas –Barack Obama– o de género –Hillary Clinton–, se enfrentaron para lograr la nominación demócrata.

Trataré en este artículo de hacer algunos señalamientos en relación a los factores subjetivos que pudieron estar presentes en la contienda, tanto en lo que respecta a las personalidades de los candidatos demócratas, como en lo que se refiere a sus campañas y electores.

Hilary Clinton y Barack ObamaMi hipótesis de trabajo es que Obama pudo vincularse mejor a las expectativas, aspiraciones, sentimientos y emociones de los norteamericanos. Hillary, por su estructura racional, tuvo dificultades para percibir el sentir de sus electores.

En primer lugar, las razones por las cuales una persona lucha por alcanzar el poder no vienen únicamente de fuera. Resulta sumamente importante su interioridad. Se aspira o detenta el poder de acuerdo a la estructura de personalidad de cada quien. Esta es resultado ineludible de la propia historia personal y de las vicisitudes experimentadas.

Cabe preguntarnos: ¿con qué vivencias importantes llegaron los contrincantes a participar en política? Obama, con una infancia marcada por la ausencia del padre, criado con la ayuda de sus abuelos y padrastro. Con piel oscura en un mundo racista.

Hillary, por su parte, con un padre dominante, estricto, republicano y conservador, con el que se identifica. Blanca y sin necesidades económicas. Ambos se acercan a la política desde la ayuda social.

¿Cuáles son los factores subjetivos individuales que intervienen en el caso de los electores? Como en todos los actos, están presentes no solo los pensamientos y emociones concientes sino –también- las motivaciones y procesos inconscientes (ocultos).

¿Como llegó el pueblo norteamericano a las primarias demócratas? Creemos que, como la generalidad de la población, los militantes del Partido Demócrata comparten el temor y la indignación frente al terrorismo, con una alta sensibilidad por su seguridad interna y la amenaza de una crisis económica.

Estas emociones son de difícil elaboración para un pueblo acostumbrado a la posición de ganador, sin experiencia emocional para procesar su miedo. Emoción compleja que incluye –como lo corroboran a diario los pacientes– impotencia, dolor, frustración, rabia, odio.

Obama y Hillary se presentaron ofreciendo soluciones no tan distintas y con visión parecida en cuanto a la inflación, al calentamiento global, a la salud pública y a la guerra en Irak. Muchos dudaron de la autenticidad de Hillary por su cuestionado voto a favor de la guerra cuando ejercía como senadora.

¿Cuáles fueron –entonces- las razones de los demócratas para preferir a Obama? ¿Acaso lo apoyaron por racistas? Creemos que no. Ni tampoco que lo prefirieran por machismo.

El sexo y el poder estuvieron presentes, pero desde las cualidades subjetivas que se ubican detrás de estos conceptos y en torno a la manera en que estos fueron atribuidos a los candidatos, sin que necesariamente correspondan a un hombre y a una mujer por razones de su sexo.

Uno de los mitos más instalados es el que dice que el eros y el sentimiento tienen una afinidad con la mujer. Y que la lógica, la razón y el juicio crítico se asocian al sexo masculino.

Obama ganó con su sensibilidad y ternura, cualidades usualmente adjudicadas o vinculadas a lo femenino. ¿Ganó entonces lo femenino?

Hillary se presentó mostrando su fuerza, racionalidad, frialdad y arrogancia. Capaz de ser comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. ¿Representó entonces lo masculino? Al final de la campaña, ella llamó al esposo en pos de ayuda. Como tantas mujeres, ¿acaso lo necesitó para sentir que estaba completa?

Creemos que no ganó el género masculino, sino quien mejor pudo integrar sus elementos femeninos y masculinos para ponerlos al servicio de lo que el pueblo norteamericano “sentía” como necesidad emocional, frente al momento histórico que están viviendo.

¿Estamos en capacidad de asegurar que las campañas se contactaron con el sentir de los electores? Realmente no.

Hillary y sus asesores de campaña, por ejemplo, no calcularon al invocar el apoyo del esposo de ésta –como lo prueban innumerables menciones periodísticas– que en el imaginario de la población todavía está muy presente la posición de víctima que ella mostró al ejercitar el rol de esposa tradicional, doblegada ante el macho dominante e infiel crónico. Y que, además, esto atentaba contra el objetivo de presentar a la candidata como mujer fuerte e integralmente estructurada.

Obama fue presentado al lado de una mujer de su mismo color y profesional exitosa, mostrando así una autoestima procesada. Hillary con espíritu de lucha, pero con fisuras de origen emocional; muy fuerte hacia afuera pero mucho menos en el vínculo hombre–mujer, donde su autoestima ya venía golpeada desde el caso Lewinsky.

¿Se quedó Hillary necesitada de afecto y por ello se apega a Clinton, o es simple cálculo político? Probablemente las dos cosas. El asunto es que su solidez emocional no fue bien percibida.

Obama lideró la campaña desde su carisma. Ella, desde su inteligencia y perspicacia, pero con un tinte de arrogancia.

-¿Y los errores de los candidatos?

Obama mostró sensibilidad, pero también racismo. Falló al hablar de los “buenos americanos blancos”. Cuestionado, dio un giro inmediato. Hillary mostró una agresividad intensa e inconsciente cuando mencionó la muerte de Bob Kennedy.

¿Desliz o deseo inconciente de que el contendor desaparezca, como en todo enfrentamiento?

Su marido descalificó los ofrecimientos de Obama diciendo que eran “un cuento de hadas”. No se percató de las emociones veraces que contienen estos cuentos.

Lo señalado confirma nuestra hipótesis: lo subjetivo es sustancial en el comportamiento humano. Más aún cuando se selecciona a quien va a ejercer el poder político. Los electores eligen a quien sienten más cercano, con quien hay mejores y mayores identificaciones.

Por ello no ganó la candidata de los 159 millones de dólares, donados por poderosas fuentes tradicionales. Se prefirió a quien apostó por las nuevas tecnologías y recolectó pequeñas sumas de dinero a través de sitios en Internet.

Hillary mostró más y mejor, pero de la política tradicional. Obama ofreció la esperanza y la ilusión. Y ello fue fundamental en un país lleno de angustias y temores justificados.

Ganó quien mejor se conectó con la subjetividad de los electores. Quien lideró una ola de cambio. Quien ofreció, como Lincoln, la igualdad y la solidaridad para construir una sociedad más justa.

El mensaje inconciente de Obama caló en millones de personas: el cambio sí era posible. Que David puede a veces ganar a Goliat.

Obama fue preferido en conjunto por los votantes de menos de 45 años. Por jóvenes más cercanos al cambio. La gente mayor –usualmente más escéptica y tradicional– apoyó a Hillary.

También los latinos apoyaron a Hillary. Aquellos que tuvieron que desarraigarse de sus tierras. Quizás siguen añorando la Norteamérica de antes, la que ofrecía seguridad interna y económica.

-¿Y las feministas que esperaban que Hillary ganara?

Las seguidoras del feminismo tradicional que creyeron que Hillary sería la vencedora quedaron desilusionadas y frustradas.

El ganador fue el nuevo feminismo. El que busca la redefinición de los contenidos del poder, el que trata de transformar a las mujeres y a los hombres mediante la transformación de sus relaciones.

Para este grupo ganó alguien que se acerca más a la sensibilidad tradicionalmente femenina pero que en realidad parece tener más humanidad.

-¿Y qué queda para Hillary?

Saber que ha hecho historia. Que “si una mujer llega alguna vez a la Casa Blanca será en parte gracias al trabajo de Hillary Clinton en la campaña”, afirma la escritora Susan Faludi. Pero agrega: “Si en este momento de su vida pudiera tener la serenidad y la humildad de dar su ambición por saciada, a los 60 años, podría todavía contribuir de forma muy apreciable a que su país sea ahora el que siga haciendo historia”.

-¿Qué nos queda a los electores del mundo?

El desafío de poder inventar en el imaginario y crear en la realidad figuras que trasciendan el género o el ejercicio del poder como compensadores de carencias. Entender que se ha de elegir únicamente a aquellos capaces de tomar decisiones a favor del bien común y poseedores de un afecto social lúcido en beneficio de los sectores menos favorecidos. u

*PSICOTERAPEUTA.