Varios (compilado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares).
Editorial Emecé. 320 páginas
El asesino nunca es el mayordomo
Edgar Allan Poe es un tipo que murió de forma aún no esclarecida. Su personaje, C. Auguste Dupin, no es tan famoso sólo porque Sherlock Holmes tiene más películas. Sin embargo, Dupin es el arquetipo del detective que utiliza métodos de deducción para resolver crímenes inimaginablemente enrevesados.
Cuando uno lee “La carta robada” le hubiera gustado que Dupin intervenga en la investigación de la muerte de Poe y quizá lo mismo pensaron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares cuando iniciaron el trabajo de esta antología.
La pasión de Borges y Bioy Casares por el género policial es patente: juntos crearon a un alter ego literario llamado Honorio Bustos Domecq quien creó, a su vez, relatos detectivescos donde don Isidro Parodi es una especie de Dupin del siglo pasado. Así es que también decidieron hacer en 1983 esta selección arbitraria en la que Isidro Parodi aparece en el segundo volumen.
Pero volvamos al primero, donde a relatos de Edgar Allan Poe y Sir Arthur Conan Doyle se suman joyas como “En el bosque”, del japonés Ryonosuke Akutagawa, “La puerta y el pino”, de Robert Louis Stevenson, o “La muerte y la brújula”, donde el propio Borges termina desentrañando un misterio que convierte al villano, y no a quien le da caza, en un maestro de la deducción.
En el género de la novela policial, el móvil del crimen queda supeditado al proceso de resolución. Sin embargo, la aparición del investigador también ofrece luces sobre la oscuridad del alma humana. Eso sí, si alguien quiere deducir cómo se eligieron los textos, Borges y Bioy Casares sólo proponen un método: el hedónico. Si lo lee, se dará cuenta de eso y de que no hay nada más cierto que una de las máximas de Sherlock Holmes: “Nada resulta más engañoso que un hecho evidente”.










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