Tuve la oportunidad de visitar el interior del país. Me llamaron la atención dos cosas: el desorden y el deseo de mejorar que tiene la gente. La mezcla de estos dos fenómenos, eventualmente incompatibles, produce un caos organizado. Ese es el Perú de nuestros días. Sin perjuicio de lo que los gobernantes puedan o no hacer, el ciudadano de a pie, el peruano común y corriente, quiere estar cada día mejor y, con él, su familia. Y para eso trabaja, en lo que sea, formal o informalmente, con singular ingenio. El deseo coincidente de la gran mayoría, sin embargo, en medio de un Estado ausente, una autoridad que no es tal, leyes que no se cumplen, incumplimientos que no se sancionan, en fin, carencias de toda estirpe, son los que generan ese caos organizado. El gran desafío de los peruanos, entonces, es resolver el caos, organizar el desorden, en síntesis, ejercer cuidadanía y crear Estado. Algunas personas estamos inscritos en esa asignatura. Hay que buscar que seamos la gran mayoría.










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